domingo, 29 de noviembre de 2015

Manu Leguineche en el I Curso Andaluz de Comunicación (VI)

También Manu Leguineche, el infatigable reportero, quizás el primero de nuestra época estuvo esos días en Córdoba. Interesante sus ideas sobre el periodismo de investigación. No olviden la fecha

Leguineche: reportero infatigable
"EN ESPAÑA ES MUY DIFICIL EL PERIODISMO DE INVESTIGACION"
-Aquí, nadie mantendría dos años a Bernsteins y Woodward dedicados al Watergate
-Echo de menos estar presente en las guerras y «follones» del mundo
-Íbamos a dar la vuelta al mundo en seis meses y tardamos dos años


Manuel Leguineche, director  de la agencia de prensa «Colpisa», es uno de esos reporteros infatigables que da el periodismo y que ha pateado las guerras habidas en el mundo en estas últimas  décadas informando en plan enviado especial sobre los sucesos en vivo. Leguineche ha pronunciado dos bellas conferencias en  el I Curso Andaluz de Comunicación Colectiva y ha mantenido dos coloquios sabrosos y llenos de anécdotas y experiencias personales. La locuacidad de este vasco afable hace difícil condenar la entrevista en los dos folios de turno. Prescindir de ella es un tormento.

-¿Qué es ese periodismo de investigación del que has hablado?
—Es un tema que me ha interesado como lector de la prensa  norteamericana y como compañero de profesionales que protagonizaron ese tipo de periodismo. Los casos sonados de prensa de investigación han supuesto una entrega minuciosa y tenaz a un tema en busca de su agotamiento hasta llegar a descubrir Ia corrupción del hombre del poder o de los negocios. Los casos Watergate o la matanza de Mi Lay tienen ya carta de naturaleza en la historia del periodismo.

—¿Cómo ves en España este periodismo de investigación?
—Creo que es difícilmente trasladable a España dada la estructura de nuestras empresas periodísticas. Por ejemplo, para hablar del Watergate los reporteros Carl Bernstein y Robert Woodward estuvieron prácticamente dos años investigando solo esto. ¿Tú crees que aquí nuestros periódicos están dispuestos a mantenerte un año o dos detrás de una historia sin estar  seguros de que la va a haber? Y además hay otra pega: la porosidad que hay en EE. UU. cuando tú llamas a la puerta de un personaje no la hay aquí, donde tú sabes que te dan con la puertas en las narices.

LEEMOS LA MITAD QUE EN 1930

—¿Cómo crees que va a ir la prensa en España en el futuro?
—Bueno, aquí el gran problema es el económico. Concretamente ahora los periódicos están en una baja publicitaria grande y el horizonte que se ve de cara al futuro tampoco es muy bueno. Por otra parte mal podríamos nosotros ser una excepción en un mundo en el que los periódicos se acaban, raro es el día en que nos llega la noticia de un cierre. Ademán aquí es que no se lee. Uno tiene que sonrojarse cuando descubre que en 1930 la tirada  de los periódicos era el  doble que la actual.

-Oye ¿cómo se ve el mundo  desde el puesto de director de agencia, en contraste con tu trayectoria reportera?
-Este es un tema personal para mí casi doloroso. Montamos esta agencia hace diez años y cuento con un equipo de gente
muy bueno. Pero sinceramente a mí me gustaría cambiarme por el reporterismo. De todas formas me muevo con bastante libertad y me escapo por ahí. Cuando surge una guerra o un follón; pues, hombre, me gustaría mucho irme allá.

—¿Cómo está el reporterismo en nuestro país?
—Creo que está en baja ahora respecto a otros géneros. Ahora parece que la columna política es la que está de moda en muchos periódicos en sacrificio del reporterismo o de la información pura. Creo también que se abusa de la entrevista política que además se reestructura bastante poco.

EL RECORD DEL MUNDO

—Háblame un poco de ese libro tuyo que va a salir próximamente.
—Es un poco un desahogo sentimental y es el resultado de un viaje que hice para batir el récord mundial de distancia en automóvil con tres periodistas norteamericanos y uno suizo. Para mí, que andaba entonces por la Universidad y trabajaba ya en periodismo era una oportunidad fabulosa de conocer el mundo. Proyectamos el viaje para seis meses y tardamos dos años.

—¿Cómo fue eso?
—Pues nos cogió la guerra en Pakistán, la guerra de Argelia con la caída de Ben Bella, y unos cuantos follones más. Fueron dos años de mi vida de una experiencia tremenda y sobre todo en una parte del mundo, Asia, que a mí me apasionaba y que después apasionó a miles de chicos que la invadieron materialmente.

—¿Cómo se llama el libro?
—«El camino más corto», que  es una cita de un escritor alemán que en el libro «Diario de viaje de un filósofo» dice algo así como que el camino más corto para conocerse uno a sí mismo es dar la vuelta al mundo. Esta cita me dio para mi viaje porque ciertamente no fue turístico sino todo lo contrario. Hubo momentos en que lo pasé francamente mal, tuve que vender píldoras con los chinos en Tahilandia durante cuatro meses, estuve a base de manzanas en Nepal en el 66 durante un mes, etc. En resumen, que me pasaron cosas tan ricas que dejaron una huella increíble. Fui un ser anfibio ente la aventura y el periodismo que recibí así una formación distinta de la universitaria y que me puso en contacto con la vida: desde estar con un marajá, a tener que cantar en cabaret, junto a asistir a una fiesta con el rey de Laos. Vivir con el material confiscado por la guerra. En fin un caos vital maravilloso que ahora reflejo nostálgicamente en este libro.
E. O.


Publicado en la edición cordobesa de El Correo de Andalucía el 12 de septiembre de 1978
Foto tomada de Internet

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