domingo, 21 de febrero de 2010

Pedro Bueno

Pedro Bueno vino a Córdoba de la mano de Pepe Jiménez a la Galería Studio 52. Ahora en la misma galería se celebra los 100 años de su nacimiento. Creo oportuno recuperar para esta ocasión esta entrevista que creo fue la primera que concedió

Hay que salvar la parte antigua de la ciudad

Pronto nadie vendrá a Córdoba
LA carretera nacional a la otra ribera
EN LA JUDERÍA SE VEN SOLARES
Charla con Pedro Bueno, un cordobés Premio Nacional de Pintura


La sistemática destrucción, monumental a que está siendo sometida la ciudad es tan evidente que publicaciones, incluso de carácter paraoficial, denuncian repetidamente abusos cometidos en aras del «desarrollo», que parece centrarse aquí en construir viviendas y locales comerciales donde precisamente, menos falta hace.
Los efectos de esta ola destructora no tienen distinciones de ningún tipo, y así no extraña que intelectuales de la ciudad, que viven fuera, vengan repetidamente en plan de despedida. Incluso acompañados siempre con amigos que desean admirar lo peculiar de la ciudad. Aquel famoso titular que lanzó una publicación nacional de «Apresúrese a ver Córdoba» sigue siendo, lamentablemente, de plena actualidad.
Pedro Bueno es uno de esos intelectuales. Pintor cordobés, nunca ha expuesto por aquí, y lo hace ahora, en abril, pensando en traer a sus amigos para que vean lo que «queda aún» de ciudad. Pedro Bueno es, por otra parte, el único pintor cordobés, aparte de Julio Romero de Torres, que tiene en su haber la primera medalla nacional de pintura. Su cotización está fuera de comparaciones y su amor a la ciudad también.
Su aire espigado, joven y tremendamente irónico, oculta apenas su vibración al hablar de la ciudad y sus problemas.
—¿Qué hace Pedro Bueno en Córdoba?
—He venido a concretar la fecha de mi exposición aquí, que será sobre abril o mayo.
—¿Es ésta la primera vez que lo va a hacer?
Efectivamente, yo nunca he expuesto en Córdoba, aunque he sentido muchos deseos, y ahora se me presenta la ocasión,
—¿A qué se debe esta ausencia?
—Es que yo no expongo en Córdoba ni en Madrid. Mi última exposición fue hace 25 años.
No creo que convenga aclarar que a Pedro Bueno la resulta difícil exponer, porque toda su obra está siempre vendida.
—¿Cómo encuentra Córdoba en sus frecuentes visitas?
—Hombre, a mí, Córdoba es la ciudad que más me gusta del mundo. Lo que pasa es que me da mucha pena ver los desastres que se están cometiendo en ella.
—Por ejemplo.
—El otro día, al pasearme por la Judería, a la vuelta de cada esquina, sólo veía solares y más solares. Tanto, que hay lugares que no reconocí.
—¿Qué era lo que más admiraba de la ciudad hace unos años?
—No, es que a mí Córdoba me gusta toda, y hay multitud de rincones que, de siempre, han definido la ciudad y que están desapareciendoo. Dentro de poco no sé a qué va a venir la gente a Córdoba, pues será una ciudad como las demás, sólo que peor urbanizada.
—¿A qué cree que se debe esta destrucción?
—No sé, quizás a la libertad de la gente por vender y echar abajo sus casas, quizás a la especulación del suelo. De todas formas, opino que hay aquí personas responsables que pueden aconsejar y conservar lo auténtico de la ciudad. Después, las autoridades deben dejarse aconsejar por esas personas, digamos, expertas.
—Lo viejo es peligroso e incluso ruinoso, ¿no le parece?
—Bueno, hay cosas que sí. Pero lo que se eche abajo hay que volver a levantarlo manteniendo el mismo sabor que tenía. Lo nuevo de ahora tiene más aristas, y les falta el tiempo que ha pasado por ellas.
Creé usted que la Ribera de be seguir siendo carretera general?
—Yo creo que la Ribera debe ser una calle de la ciudad, adecentada y con todo su sabor. La carretera debe ir al otro lado del río, que es como estaba proyectado. Tanto si se toca al río como si se tocan los edificios me parece mal, porque hay casas malas, pero otras muchas con su carácter. ¿Se imagina una Ribera con edificios modernos de varias plantas? Se acabó, así sería ésta otra ciudad. Es como si a Venecia o a Viena le echaran sus palacios o sus conventos abajo para hacer rascacielos, ya no iría nadie. Dentro de poco creo que ya no vendrá nadie aquí.
—¿Qué se podría hacer?
—Yo no sé, pero en tiempos de Cruz Conde se dieron normas muy estrictas que beneficiaban la conservación de la ciudad. Ahora, no sé por qué, la ciudad ha pegado un gran bajón. Ahora a cada paso hay un derribo y ya la encuentro hasta sucia, cosa que jamás ha sido.
El viejo tema de la limpieza, el viejo tema de la especulación, el viejo tema del «desarrollismo aparente».
—En el contexto de Andalucía, ¿cómo cataloga Córdoba?
—A mí es la ciudad que más me gusta, pero se le ha pegado de las demás ese afán por construir en les mejores sitios, habiendo solares que dan asco verlos y que permanecen sin edificar. En definitiva se trata de respetar la ciudad vieja, que es lo que viene la gente a ver.
E.

Publicado en la edición cordobesa de El Correo de Andalucía el 8 de diciembre de 1973

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